

¡Bueeeeeno! Por fin esta “mujhé” se deja de pendonear por ahí y se dedica a transcribirme las notas! Llevo dos semanas pasándole apuntes y creo que ha hecho con ellos lo mismo que con aquella escritura notarial: ponerlos para reciclar.
Por mi parte me he mantenido inflexible esta vez y no pienso aceptar ninguna sugerencia de cambios de tema de última hora. No me da la gana de hablar del frío que ha pasado hoy en los pies por no haberse puesto aún las medias ni tampoco de las veces que se ha tenido que levantar esta noche para ir a hacer pipí por culpa de haberse atiborrado anoche de uva para cenar.
No, señores. Hoy voy a hablar de lo que a mí me apetece. Hoy hablaré de “mi” regalito. ¡De mi arnés!
Me ha gustado este regalo, sí. Por fin he podido estrenar algo yo, porque estaba cansado de vestir de prestado. Además, todas las prendas heredadas me venían grandes. Mafaldita debía estar algo morcillona, me parece a mí y lo de Mª Petunia ya no era una cuestión de que a mí me lo pareciera o no… Creo que ya me entendéis, ¿verdad?
Bueno, el caso es que las prendas de las dos siempre me “bailaban”. Y mamuchi debió considerarlo también así ya que, para su reciente y muchisitantos cumpleaños me regaló este fantástico accesorio de connotaciones rambianas que ahora luzco encantado. La pena es que el estampado de camuflaje no sirva absolutamente para nada a la hora de pasar desapercibido en el momento necesario, es decir, cuando suena el toque de retirada, sino, ¡sería perfecto!
Esa constituyó la primera parte de su auto-regalo, porque la segunda era una aspiradora. A simple vista no parece que una cosa tenga relación con la otra, ¿verdad? Y, sin embargo,la tienen. Y es que ambos “regalos” tienen un denominador común que no es otro que un servidor, claro.
Por cierto, a propósito de ese segundo regalo me gustaría chivaros una breve reflexión que se hizo mismamente ella: ¿te imaginas a tu pareja llegando, exultante, en fecha tan señalada y cargado con un paquete sospechosamente grande -envuelto en papel de la tienda esa del “Yo no soy tonto”- y con un lazo en el extremo de algo alargado? (y sigo hablando del regalo, eh?)
¿¿Qué cara se te pondríaaaa..??
¡Ajajá! Pues ahí está!
He ahí una ventaja indiscutible a favor del hecho de ser “single”: ya no tienes que tirarle el regalo por la cabeza a nadie.
Si es que –casi- todo, son ventajas! ¿O no..?
Y se quedó ella tan contenta. ¡Hala!
Bien, a lo que íbamos. Una vez terminamos con la parafernalia esa del ajuste de hebillas arnesiles y demás, se hizo unas risas a mi costa y decidió llamarme “Capitán Carbonilla”. Eso me trajo a la memoria algo que ya me había comentado mi amiga Petunia, y es que, por alguna curiosa razón, mamuchi siempre acaba girándonos el nombre a todos. Petunia me contaba también que ella, por ejemplo, en principio se llamaba “Chispi” y que, sin saber porqué (no lo sabría ella, ji,ji,ji) acabó llamándose como la novia de Porky Pig. Claro que, llegados a este punto, yo preferí no opinar al respecto. Me limité a escucharla educada y, sobre todo, prudentemente.
Y ahora, chicos, hablando de cosas que me vienen a la memoria, también he recordado algo que me leyó mamuchi el otro día y que me gustaría, si me permitís, dedicárselo a Inés en memoria de su coleguilla, paticorta como yo y como su tocaya, con la que hace unos días ya que está, así como con nuestra amiga la croqueta, y con tantos y tantos más, evocados e inolvidables…
Decía así:
“Cuando un sueño muere, el eco de un sollozo retumba en el sinfín del cosmos. Se convierte en una amarga lágrima que recorre todo el Universo de punta a cabo... Pero, afortunadamente, un día el sueño brota de nuevo en un corazón dispuesto y decidido a creer en él. Y entonces, aquel dolor se transforma en pasión por convertirse, de nuevo, en realidad”.…
Ella, chicos, me estuvo leyendo esto, sí. Y yo, fijaros, yo… ¡La escuché como si aún no lo supiera..!
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